El Chivo de los Callejones


Hace muchos años iba un hombre en su mula por los callejones de Coín que llevan al cementerio, que eran acantilados de piedra de cantera con cuevas y ramas de higueras, y allí se encontró un chivo.

Pensando en la suerte que había tenido, el hombre montó al chivo a lomos de la mula y siguió su camino, cuando de pronto, en el silencio de la oscura noche, escuchó un ruido (¡Gra, gra!) como de algo que se arrastrara por el suelo. en ese momento el hombre se giró para ver de donde provenía ese ruido tan cercano y vio todo aterrorizado que al chivo le habían crecido las patas y las arrastraba por el suelo y que, además, tenía los ojos rojos, ensangrentados.

A la mañana siguiente se encontraron los huesos del hombre con un chivito al lado.

Desde entonces y hasta los años setenta, en el parque de Coín, enfrente del cementerio, los chiquillos se reunían y apostaban a ver quién era el valiente que iba por los callejones en la oscura noche hasta el cementerio y, una vez allí, encender un mixto para comprobar que habían llegado.

Texto de: José Álvarez Martín (Coín, Málaga)

Autor: Juan Ant. Fdez

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